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El basurero de la historia

Publicado: 2006-11-13

El basurero de la historia se expone en una sala especialmente acondicionada para absorber los malos olores que provienen de su contenido: regímenes caducos, ideas pasadas de moda y –en general- todo tipo de creaciones humanas que han caído a los costados del tren de la historia o que han sido aquí enviados desde el tribunal de la historia.La primera vez que escuché una metáfora similar fue en la universidad, donde en una reunión de grupos de izquierda, un querido amigo, Nicanor Domínguez se quejaba de que la falta de coordinación de nuestros esfuerzos para ganar las elecciones estudiantiles estaban llevando a nuestra tendencia “progresivamente al tacho”. Siempre he recordado con fruición la figura de Nicanor, en la que una idea describe -como en cámara lenta- una limpia parábola hacia el tacho de la basura.La idea del tacho de basura de la historia, naturalmente, se aplica a ideas y tendencias mayores, a civilizaciones, a sistemas enteros de organización social, y no a un modesto grupo de muchachos que intentan ganar la federación universitaria para su bando. Lo notable de esta metáfora es el desprecio que proyecta: las ideas descartadas no van a dar a una biblioteca de Babel, para perderse bajo el polvo de estanterías infinitas, o al pozo de los sueños de Rose, para dormitar junto a los malos poemas; no, van a parar al basurero de la historia, a un lugar maloliente con todo lo que además de ser inútil es dañino.En un discurso de 1978, Fidel Castro, consigna al basurero de la historia siete fenómenos que atribuye a la sociedad capitalista:Los aventureros que demencialmente preconizan y auguran un Apocalipsispara la humanidad no pasarán. Pasarán, sí, al basurero de la historia donde ancha puerta los espera, más tarde o más temprano, el imperialismo, el guerrerismo, el colonialismo, el neocolonialismo, el fascismo, el racismo, el sionismo y todas las formas de explotación, opresión y humillación del hombreque son hijas exclusivas de la sociedad capitalista y de clases.La "ancha puerta" que conduce al basurero de la historia hace pensar que Castro no tenía en mente un tacho de basura, sino un campo de basuras, de otro modo habría que hablar de una ancha tapa. Naturalmente, la idea de la puerta ancha que lleva al mal viene de la Biblia, fuente inagotable de recursos literarios.Unos años después, en 1982, Ronald Reagan consignó al mismo basurero a los regímenes socialistas en el poder, en el famoso discurso en el que bautizó a la Unión Soviética como el “imperio del mal”.Ya es hora de que nos comprometamos como nación -en los sectores publico y privado- a apoyar el desarrollo democratico. Me refiero a un plan y una esperanza de largo plazo: la marcha de la libertad y de la democracia que dejarán al marxismo-leninismo en el basurero de la historia, donde ha dejado a otras tiranias que aherrojaron la libertad y amordazaron la libre expresión de los pueblos.Vale la pena notar que en inglés se puede hablar del “basurero de la historia” (dustbin of history) como del “montón de cenizas de la historia” (ash heap of history), que es la expresión usada por Reagan.En un reciente artículo publicado por el Centro Asiático de Derechos Humanos, una ONG basada en la India, se refiere así al gobierno del presidente Maumoon Abdul Gayoom, de las islas Maldivas, que se muestra reticente a la implementación de reformas democráticas en su país, luego de casi veinte años de gobierno:Pareciera que el presidente Gayoom prefiere pasar a la historia como otro dictadordel sur del Asia, que tuvo que rendirse ante el pueblo antes que cambiar de opinión y establecer la democracia. Los que no pueden leer la escritura en la pared tienen un lugar reservado en el basurero de la historia. El tiempo se le acaba al presidente Gayoom.Aparte de la pasión de los defensores de derechos humanos de esta región por las libertades democráticas, hay que notar su afición por las figuras literarias. El cambio de opinión en el texto original en inglés se dice “change of heart” es decir, literalmente, cambio de corazón, y puede aplicarse a una idea o a un amor. “La escritura en la pared” es, quién puede ignorarlo, una referencia bíblica al profeta Daniel quien –durante la esclavitud en Babilonia- interpretó para el rey Baltasar las misteriosas palabras que una mano mágica había trazado en un muro del palacio, anunciando la inminente desgracia de Babilonia. Del basurero de la historia, que espera a Gayoom si no despliega las habilidades de Daniel, ya nos hemos ocupado y –por último- la idea del tiempo que corre o se acaba es una de esas metáforas universales reconocibles más allá de fronteras lingüísticas o culturales.Ahora bien: vale la pena preguntarse si las viejas ideas pueden volver del basurero de la historia del mismo modo que las ciudades modernas reciclan los residuos, separando lo verdaderamente inútil o dañino de lo que puede volver a utilizarse. Los recicladores de basura, que hace un par de décadas eran el símbolo vivo de los horrores de la megaciudad son hoy solamente el escalón más bajo de una industria altamente rentable. Más aún, en ciudades ricas del norte como Nueva York, Londres hay todo un movimiento de quienes se hacen llamar “Buzos del basurero” (dumpster divers), que se dedican a rescatar artefactos útiles y hasta comida, de los basureros de los barrios ricos, con el objetivo de erosionar las bases de la sociedad de consumo.Así las cosas ¿por qué no podrían reciclarse las ideas? Incluso las que podríamos juzgar definitivamente apestadas, como el fascismo, encuentran nueva circulación en sociedades donde ciertos grupos hallan pocas respuestas a su alienación. Si eso es aplicable a tan monstruosa distopia, es perfectamente posible para las utopías sociales que –desde Moro- han proclamado un orden social más racional y el rechazo de los bienes materiales.Basado en estas consideraciones, el museo ha preferido que la distancia entre el basurero de la historia, el tren de la historia y el tribunal de la historia se mantenga corta.


Escrito por

Eduardo Gonzalez

Descendiente del gitano Melquíades. Vendo imanes. Opino por mi y a veces por mi gato.


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El museo de los objetos fantasticos

Un blog de Eduardo González