La cortina de humo
La cortina de humo es uno de los objetos más delicados de nuestra colección. Ahí está, oscilando tenuemente en un salón especialmente acondicionado para mantener el humito original, los pliegues con olor a tabaco, ceniza, leña o a veces basura nomás. Nuestra cortina es simple y directa: tapa algo y ya está; no es como esas otras cortinas de humo que a veces vemos en la política nacional, barrocas, entreveradas, como hechas a crochet.
Ejemplos al desgaire: de acuerdo a la mayor parte de la prensa nacional, la captura en enero de este año de un delincuente fugado –el sr. Crousillat- era una cortina de humo para ocultar el desastre en el que terminaba su gobierno el partido aprista. Igualmente, en abril, poco antes de las elecciones, para buena parte de la opinión pública, la peleíta del entonces candidato Humala con el presidente chileno era una cortina de humo para encubrir sus posibles relaciones con Venezuela.
Pero -claro- las cortinas de humo son cosas sutiles, difíciles de ver. De hecho, cuando se ven ya fallaron: tienen que ser indetectables para que funcionen. Por eso se ha inventado el puesto de Presidente de la República para –entre otras cosas- ejercer control de calidad de las cortinas de humo. El anterior presidente –el sr. García- acostumbraba explicar qué era y qué no era una cortina de humo, o bien si una cortina de humo era torpe o buena:
Como se estaban denunciado, por otros candidatos, relaciones con Venezuela o con el modelo venezolano, entonces me parece una torpe cortina de humo decir ahora 'voy a atacar a Chile para que se olviden de Venezuela'
Palacio de Gobierno, o bien su sala de prensa debe ser una fábrica de las mentadas cortinas, y el Presidente –por lo menos juzgando por el anterior- debe ser el CEO, experto en producción, manejo y envío y lo que usted quiera, que para eso estamos, qué falta de confianza, oiga usted.
Hay cortinas de humo políticas, pero las hay también militares y –lógico- de bomberos: los gringos, que mucho saben de esto llaman “smoke screen” al humo que se echa en el campo de batalla para cubrir los movimientos de las tropas; y los bomberos llaman “smoke curtain” a la puerta incombustible que baja del techo para bloquear el avance del humo en un incendio.
¿Será entonces que la cortina de humo cubre algo que queremos que el enemigo no vea, o algo con lo que nos cubrimos del humo del enemigo? Habrá que elevar la pregunta a Palacio; pero mientras esperamos una respuesta, admiremos la cortina del museo, oscilante, cambiante, siempre entretenida… sólo se advierte al visitante al museo que no mire detrás.
(Publicado originalmente en Soho Perú. Setiembre de 2011)
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