La célula básica de la sociedad
Tan chiquita, frágil y amenazada, se dice que la célula básica de la sociedad está en inminente peligro de destrucción. Por ello, nuestro museo -siguiendo las instrucciones de líderes de opinión de todas las tendencias políticas y espirituales- la preserva en estrictas condiciones de seguridad.
Tirios y troyanos coinciden en que la pobrecita célula en cuestión es la familia. La Iglesia Católica nos ha alertado sobre el riesgo de exponerla a la plaga del divorcio, el amor libre, los matrimonios entre personas del mismo sexo, o las ideologías seculares. Al mismo tiempo, países muy seculares –como Cuba- coinciden con los líderes religiosos en defender la delicada célula: la constitución de Cuba, en su artículo 35, afirma que “El Estado reconoce en la familia la célula fundamental de la sociedad”, y similares afirmaciones biológicas hacen las constituciones de países como Ecuador, Vietnam, Burkina Faso y Armenia.
Decir que la sociedad tiene células implica, naturalmente, sostener que es un organismo viviente, con cabeza, tronco, extremidades y paramos de contar. Este organicismo social es una vieja tradición filosófica a la que escapan muy pocos: el radical Friedrich Engels, insospechable de catolicismo, sostuvo que la monogamia era “la forma celular de la sociedad civilizada”.
Ahora bien; una vez que uno entra en la metáfora orgánica, ya no hay vuelta atrás: los problemas de un país –por ejemplo, la corrupción- se convierten en un cáncer social; la economía se enferma, y los políticos que pretenden salvarnos terminan convirtiéndose en médicos que nos recetan terapias de shock o una dolorosa cirugía económica. En casos extremos, nos encontramos con que tenemos que escoger entre “el cáncer o el Sida”, Dios nos libre.
Por supuesto, hay esperanza, porque si la sociedad tiene células básicas, con toda seguridad que estas evolucionan, cambian y se multiplican en diversas formas. A la célula que tenemos en el museo no le hemos preguntado si es nuclear o extendida; ni si es de distinto o del mismo sexo (total, es una célula nomás, ¿cómo podría tener más de uno, verdad?) La aceptamos como es, tolerantes que somos, y le pedimos a los visitantes que muestren la misma tolerancia, y la miren nomás, fascinados por su incansable vitalidad.
Fuentes:
Constituciones de Armenia, Burkina Faso, Cuba, Ecuador, Vietnam. Concilio Vaticano II, Encíclica Gaudium et Spes. Friedrich Engels “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”. Diario Los Tiempos, de Cochabamba, Bolivia. Diario La Tercera, de Chile. Diario El Universal, de México
Publicado en SoHo Perú, Diciembre de 2011.
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